Mosaico del apodyterium (Xauxelles)

Lugar/Procedencia: Villa de Xauxelles (Torre de la Cruz, Villajoyosa) 
Contexto Cultural: Cultura Romana
Conservado: Si 
Decoración: Geométrica/Figurativa
Posición: Pavimento 
Estado de conservación: Muy bueno
Lugar: Apodyterium 
Colores: Policromía.
Dimensión mosaico: 5,25 m. x 4,28 m.
Dimensión de tesela: 1 cm2 por término medio. Teselas por dm2: aprox. 62.
Descripción: El mosaico que estudiamos a continuación pavimentaba una estancia rectangular. Se conservan cinco fragmentos de la orla exterior. Los tres primeros (D 1, D 2, D 3) fueron donados por Dª. Aurora Silvestre Boronat, en 1975, al Museo de Villajoyosa. El cuarto fragmento (D 4) fue levantado del ángulo N de la habitación por D. José Paya Nicolau entre Febrero y Marzo de 1978, con permiso de los propietarios de la finca. 
El último de ellos se conserva, como hemos anotado anteriormente,  en un domicilio particular de la ciudad. 
Orla con nudo de Salomón del mosaico del vestuario (apodyterium) de los baños de la villa romana de Xauxelles de la ciudad romana de Allon, la actual Villajoyosa (Alicante). Orla con peces, venera y lirios. peces.
Materia/Soporte: Mármol blanco y negro, fragmentos de ladrillo (color rojo) y vidrio (color azul turquesa). Desconocemos el cromatismo del segmento D 5. Teselas.
Histórico: En cuanto a la cronología que conviene a este pavimento, ya hemos observado anteriormente que la utilización como orla del tema de meandros de paletones enmarcando cuadrados tiene lugar, en Hispania, desde finales del s. II y durante los dos siguientes. 
Su representación mediante filetes negros parece documentarse hasta mediados del s. IV. Por otra parte, la cenefa de semicírculos entrecruzados trazados puede situarse a partir de un momento avanzado del s. III. Por lo que se refiere al panel con representación de peces, el procedimiento empleado para representar las figuras en Torre-la Cruz es similar, como hemos visto, al de otros pavimentos fechados entre finales del s. II y el s. IV, aunque los mayores paralelismos podemos encontrarlos sin duda en diversos ejemplares del s. III.
Iconografía: 
D 1. Fragmento de la orla exterior. 
Dimensiones máximas conservadas: anchura 56,5 cm.; longitud 117,5 cm. Motivo de meandros de dos teselas determinando paletones de llave de cuatro teselas, alternativamente dobles verticales y simples horizontales (AIEMA 267). En uno de sus extremos este motivo enmarca un cuadrado, del que se conserva algo menos de la mitad, cuyo lado mide 41 cm. Inscrito en éste, un círculo (AIEMA 543) con motivo de lacería de dos cabos (AIEMA 59). El círculo determina triángulos de hipotenusa curvilínea en las esquinas del cuadrado, ocupados por triángulos inscritos. 
D 2. Fragmento de la misma orla. 
Dimensiones máximas conservadas: anchura 54,5 cm.; longitud 99,5 cm. Muestra, en el lado interior, algunos restos de la cenefa que rodeaba el campo decorativo, posiblemente similar a la del mosaico C (vid. supra). 
D 3. Fragmento de la misma orla. 
Dimensiones máximas: anchura 50 cm.; longitud 92,5 cm. El motivo enmarca un paralelepípedo casi cuadrangular de 42,5 por 41,5 cm., que inscribe un cuadrado (AIEMA 545) con motivo de lacería de tres cabos (AIEMA 58). 
Los triángulos de las esquinas están ocupados por otros inscritos. Del lado en el que no aparece el motivo de meandros, tenemos una banda blanca de la que se conserva un ancho de cinco teselas, que nos indica la situación del cuadrado polícromo en una de las esquinas de la estancia. 
D 4. Fragmento de un motivo de triángulos concéntricos idéntico a uno de los que nos muestra el fragmento D 3.
Creemos, por tanto, que se trata de parte de un cuadrado similar al anterior. 
D 5. Panel rectangular, con toda probabilidad incluido en la orla del mosaico, ante el umbral de la puerta SE. 
Dimensiones máximas aproximadas: anchura 57 cm.; longitud 125 cm. Queremos señalar que la descripción que ofrecemos a continuación se ha realizado a partir de la fotografía en blanco y negro publicada por Belda (1947, lám. LXIX, 2), por lo que tiene un valor provisional. Presenta un marco exterior similar a los de los cuadrados de los fragmentos D 1 y D 2, a saber: un filete negro doble, interrumpido en ambos extremos del lienzo conservado, pero que presumiblemente enlazaría con el motivo de meandros. Al interior nos encontramos con un filete blanco doble, seguido de otro negro simple, que constituye el marco propiamente dicho. El panel ornamental dispuesto en su interior se desarrolla sobre fondo blanco. En él encontramos un marco rectangular de filete doble realizado en un color indeterminado, que describe en el centro de los lados menores (ribeteados al exterior por otro filete negro) sendas semicircunferencias hacia el exterior. El espacio interior de estas semicircunferencias lo ocupan sendas veneras, trazadas en negro. En el lienzo rectangular resultante se pueden apreciar cinco peces dispuestos transversalmente, paralelos entre sí, mirando alternativamente hacia un lado y hacia otro. Representan de forma naturalista distintas especies. Tanto sus perfiles como sus principales rasgos anatómicos (aletas, ojo, boca, branquias) están silueteados mediante trazos simples, probablemente negros en la mayoría de los casos, rellenándose el resto de diversos colores. El movimiento de la superficie marina se representa mediante cortos trazos negros simples, algunos de ellos combinados con otros perpendiculares. Fuera de este marco, en los extremos del panel, se representan sendas plantas en flor. D 1, D2, D 3 y D 4 son inéditos. Las únicas noticias de que disponemos sobre este mosaico nos las transmite J. Belda (1947: 175-177; 1946: 144). 
En sus publicaciones no presenta dibujo o fotografía algunos de los mismos -salvo el panel con representación de peces-, por lo que cuando comenzamos nuestro trabajo se desconocía su paradero. Tras un estudio detenido nos hallamos en condiciones de afirmar que los fragmentos que presentamos como D 1-2-3-4 pertenecen, junto al D 5, a la orla que menciona aquel autor. Por un lado, el motivo de meandros en doble paletón de llave inscribiendo cuadrados es propio de una orla, como demuestra el resto de cenefa, que rodearía el campo, conservado en D 2. Por otra parte, en orlas decoradas con este motivo (AIEMA 267), los cuadrados se suelen colocar en los ángulos de la estancia, constituyendo la transición de una pared a otra, como sucede en nuestro caso. 
Belda comenta, además, que los siete fragmentos del mosaico levantados en 1926 (tres de los cuales suponemos que son los que denominamos D 1, D 2 y D 3), correspondían al “sector recayente al ángulo Nordeste”, por lo que con toda probabilidad se puede identificar con éste al fragmento D 3. El motivo AIEMA 543, atestiguado en D 1, se dispondría a intervalos regulares, en número que desconocemos (no más de dos por pared), a lo largo de la orla. A juzgar por los paralelos conocidos, no es probable alternase con otros motivos. Belda afirma, igualmente, 
que “el gran marco de dicho mosaico, en su sector recayente al ángulo Nordeste, permaneció intacto hasta 1926”, fecha en la que D. Jaime Silvestre lo levantó, enmarcándolo en siete rectángulos de hierro que se depositaron en un chalet de las afueras de la ciudad. Los fragmentos donados por su hija, Dª. Aurora Silvestre, al Museo en 1975, están, efectivamente, enmarcados por una lista de hierro. Por otra parte, Belda afirma que la parte conservada permite la reconstrucción ideal de toda la cenefa, que predominan las teselas blancas y negras sobre otras mucho menos numerosas de varios colores, y que destacan los “meandri” entrecruzados formando esvásticas. 
Todas estas características encajan a la perfección con los fragmentos estudiados.  Contamos con numerosos paralelos para el tema de meandros de paletones, tanto en la Península Ibérica como fuera de ella. Se trata de un motivo de origen itálico, documentado ya en Pompeya (Blake, 1930: 107, n° 99, láms. 27, 1 y 3) y en un mosaico de Fishbourne, de época flavia (Cunliífe, 1971: 80, fig. 17). En un primer momento parece utilizarse preferentemente extendido por todo el pavimento (Ramallo, 1985: 151; Santa María y Morricone, 1975: 50 ss., n° 39, láms. VII, LIV y LV; Prudhomme, 1975: 34 ss., lám. CLXV, 1). El motivo se difunde, principalmente durante los ss. II y III, al resto de provincias del Imperio, especialmente las occidentales situadas al norte del Mediterráneo -aunque también es muy del gusto de los talleres africanos-, para perdurar claramente en el s. IV (Mingazzini, 1966: 41). En este lapso de tiempo su uso principal se da en las orlas, tanto de mosaicos bícromos como polícromos. En Hispania es utilizado fundamentalmente por talleres bajoimperiales. 
Se desarrolla preferentemente en orlas, desde finales del s. II y sobre todo en los ss. III y IV, asociado invariablemente a campos polícromos de tipo geométrico (Ramallo, 1985: 131), y combinado las más de las veces con cuadrados polícromos que encierran decoración geométrica, como en nuestro mosaico, o figurada. 
Aunque lo habitual en otras zonas del Imperio es dibujar los meandros mediante filetes, cual es nuestro caso, en la Península Ibérica predominan los ejemplos realizados con trenza, normalmente de dos cabos (Mondelo, 1985). La variante que combina los meandros de paletones con cuadrados se constata ya en pavimentos bícromos, como el hallado en la Huerta de Otero (Mérida), fechado a finales del s. II o comienzos del siguiente (Blanco, 1878a: 49, n° 56, láms. 87b y 88a). Más abundantes son los ejemplos pertenecientes a mosaicos polícromos, bien representados en Elche durante el s. IV, tanto en orlas como en campos. Así lo tenemos en algunos pavimentos de la villa de Algorós o en la orla sur de la basílica paleocristiana (Palol, 1967: 201 ss., fig. 73). Otro paralelo, aunque esta vez ocupando, en sucesivos registros, el campo del pavimento de un peristilo, se localiza en la villa de El Palmeral del Portus Illicitanus (Santa Pola), fechable en la primera mitad del s. IV. En la villa de Los Cipreses, de Jumilla, la orla de un mosaico datado a finales del s. III o durante el s. IV presenta igualmente este motivo (Ramallo, 1985: 128-132, n° 108, fig. 22). Lo encontramos también en otra orla de la villa del Camino Viejo de las Sepulturas de Balazote. Otros claros paralelos, de época severiana, encontramos en Volúbilis (Thouvenot, 1948: 69, lám. II; Thouvenot y Luquet, 1951: 91-92, fig. 1, lám. XXI) y en Cirene (Mingazzini, 1966: 41). No faltan ejemplos, más tardíos, en el área griega (Pelekanidis, 1974: 51, lám. 15). Por lo que respecta al tema ictiográfico, su aparición en la musivaria de tradición italo-helenística se encuentra en estrecha relación con la temática de la pintura mural campana del momento. Dentro de esta tendencia tenemos una serie de mosaicos hispanos con representación de peces en rica policromía, con un tratamiento pictórico conseguido mediante pequeñas teselas. Corresponden principalmente a termas y estanques datables hasta finales del s. I a.C. (Fernández, 1984: 102; Balil, 1960; Blázquez, 1982b: 36). Con la generalización de la técnica blanquinegra en los mosaicos de tema marino de la zona de Roma se produce, forzosamente, una adaptación a ella (Becatti, 1961). Estos cambios influirán decisivamente en el desarrollo posterior del tema en otras provincias del Imperio. En primer lugar, las composiciones cubren superficies mucho mayores, perdiendo el detallismo pictórico de los ejemplares precedentes. Sin embargo, se trató de mantener parte del efecto ilusionista y la representación naturalista de la fauna marina, factores que dotaban al tema de un especial interés. Esto fue sólo en parte posible, ya que la bicromía reducía grandemente los recursos del mosaísta, que se veía forzado en la mayor parte de los casos a representar un número muy limitado de especies de silueta bien distintiva. La plenitud de la técnica blanquinegra se alcanza en Roma desde comienzos del s. II, a lo largo del cual se extenderá su influencia por las escuelas provinciales, especialmente por las occidentales del norte del Mediterráneo. Esta influencia lleva pareja un cierto -que no absoluto- abandono del tema ictiográfico en la mayoría de estas provincias (Fernández, 1984: 104-105), con la excepción de África e Hispania. La temática que nos ocupa constituye uno más de los aspectos que nos hablan de una intensa relación entre escuelas africanas e hispanas. Las primeras siguen, desde sus comienzos, el pictoricismo de la policromía, que facilitaba, indudablemente, la difusión del tema. 
De esta manera, el motivo se repetirá con mucha frecuencia en los mosaicos polícromos de los ss. II al IV, aunque sus orígenes en el s. II son mal conocidos. A veces la fauna marina se integra en escenas de pesca, pero al principio el motivo más importante continúa siendo la representación naturalista de las especies, mientras el resto de elementos revisten únicamente un carácter anedótico. Otras variedades consistirán en su integración en pavimentos con el rema del dios Océano y su séquito, o bien el del thyasos marino. El interés anatómico se irá perdiendo a partir de comienzos del s. IV, en favor de otros elementos (Fernández, 1984: 104-105). No se puede pasar por alto la estrecha vinculación de este repertorio con instalaciones termales, ninfeos, estanques, piletas, fuentes, etc., de acuerdo con una tendencia a la adaptación de la temática al uso, constante a lo largo del Imperio. Este hecho, que se constata también en Torre-la Cruz, constituye una de las causas fundamentales de la abundancia del tema (Levi, 1947: 596). El tema ictiográfico se documenta en gran cantidad de mosaicos hispanos, sobre todo en los ss. III y IV. Al igual que hemos apuntado para el caso africano, también aquí tenemos una característica distintiva de los ejemplares del s. III: su centro de interés lo constituye precisamente la representación de especies marinas, destinada a animar al espectador a intentar su identificación. Este objetivo se consigue con la utilización de espacios geométricos neutros o repetitivos, preferenremente campos completos, frisos corridos o medallones (Fernández, 1984: 107), que no distraen la atención. El ejemplar de Torre-la Cruz estaría a medio camino entre aquellas dos opciones, lo que constituye una cierta originalidad en el contexto 
de los mosaicos hispanos con representación de peces. La existencia de una gran cantidad de mosaicos con este tema en todo el mundo romano hará que solamente nos fijemos en aquellos, preferentemente hispanos, que presenten algún paralelismo claro, limitándonos a citar algunos otros casos de interés. No entraremos en los ejemplos bícromos, sino que nos ceñiremos a los de técnica polícroma. Hemos de detenernos, antes de aportar algunos paralelos, en el estilo con el que están representados los peces del panel que estudiamos. Destaca, en primer lugar, la evidente importancia del dibujo,  realizado en trazo simple, probablemente negro en casi todos los casos, que diseña los detalles anatómicos de las figuras: silueta, aletas, branquias, ojo y boca. Rellenando la silueta se disponen, por zonas, diferentes colores, característicos de cada especie. El ojo se delinea mediante una simple tesela negra rodeada de un pequeño círculo blanco, circundado o no, a su vez, de otro de color distinto de este último. La representación, aunque sencilla, es marcadamente naturalista. No nos cabe duda de que se trata de especies reales –como es normal en los mosaicos romanos de tema ictiográfico–, aunque al desconocer su cromatismo la identificación de algunas de ellas se hace difícil, por lo que de momento no aventuraremos opinión alguna. Se plasma los cinco peces desde un único punto de vista, es decir, de perfil, eludiendo cualquier afán tridimensional. Su disposición en el panel es rígidamente simétrica: miran alternativamente en uno y otro sentido, aunque el ejemplar del centro se encuentra invertido respecto del resto. Estas últimas características dotan al pequeño panel de cierto dinamismo. En lo que respecta a la representación de la superficie del agua, no se emplea un procedimiento único: tenemos cortos trazos curvados, otros rectilíneos -a veces dispuestos en paralelo- y, por último, algunos de éstos rematados en breves trazos perpendiculares, de donde resultan formas en “U”, en “F” o en “E”. Todos ellos parecen realizados en trazo negro simple. Con esta casi abigarrada simulación de la superficie acuática se persigue, claramente, acentuar el movimiento de la composición, dando así la impresión de que los peces se encuentran en su medio natural, y evitando consiguientemente producir la imagen de una naturaleza muerta. El paralelo geográficamente más próximo es un pavimento de Elche fechado desde época postseveriana hasta finales del tercer cuarto del s. III, que sólo conocemos por referencias, por lo que no podremos efectuar las oportunas comparaciones que, tanto por su proximidad geográfica como cronológica con el ejemplar de La Vila Joiosa, sin duda habrían sido muy reveladoras. Por lo que respecta a la representación de los peces, hemos encontrado algunos ejemplos polícromos, fechados desde finales del s. II a comienzos del IV, que presentan unas características estilísticas similares a las enunciadas anteriormente. Otro tanto sucede con algunos pavimentos de la segunda mitad del s. III, y, sobre todo, del s. IV, caracterizados, sin embargo, por un mayor esquematismo de las figuras. La problemática de la representación del agua carece de un estudio de conjunto, si bien diversos autores la han abordado puntualmente. El tratamiento tonal del agua en los mosaicos de tipo helenístico, derivado de las convenciones pictóricas propias de este arte, se apoyaba en la utilización de la línea. Sin embargo, este elemento sufre una evolución que lo convierte en simples trazos esquemáticos en época bajoimperial. Al mismo tiempo, de ser un componente meramente accesorio pasa a cobrar un cierto protagonismo, al emplearse para rellenar los espacios existentes entre figura y figura, casi siempre con un claro horror vacui (Fernández, 1984: 110). Mientras en los pavimentos bícromos apenas se representan algunas líneas paralelas, llegándose incluso a dejar el fondo vacío en multitud de casos, con el uso de la policromía nos encontramos 
ante una gran variedad de procedimientos para dibujar la superficie acuática, algunos de los cuales caracterizan a determinadas zonas del Imperio durante determinadas épocas. Las veneras que aparecen en el panel de Torre-la-Cruz no son, por su parte, demasiado frecuentes en el repertorio del mosaico romano, ni aún en composiciones de tema marino. El paralelo más claro en lo que se refiere a su disposición a ambos lados de un panel rectangular es el de un pavimento de Jurançon, fechable probablemente en el s. III d.C. (Depuma, 1980: 106, n° 84, fig. 134, lám. LXX). Tampoco es frecuente, en los ejemplos hispanos, la representación de elementos vegetales. En el caso que nos ocupa éstos aparecen en los cuatro ángulos del panel, en forma del mismo tipo de planta en flor. 
Pensamos que puede tratarse de una variedad de iridácea, quizás la Iris germánica, que es una flor de jardín. 
Por lo que respecta al campo, propiamente dicho, del mosaico que nos ocupa, éste presentaba, según Belda, “motivos artísticos de condición análoga o similar a la de otros, tallados en los estucos murales”. De acuerdo con los ejemplares que hemos citado, a la orla de meandros de paletones debería corresponder, con toda probabilidad, un campo de carácter geométrico. Esta es, precisamente, la decoración predominante en las tallas de yeso que se conservan en el Museo Arqueológico Provincial de Alicante, y que actualmente tenemos en estudio. Concretamente, sabemos que la parte inferior de las paredes de la sala que pavimentaba el mosaico que estudiamos estaba decorada con esvásticas enlazadas determinando espacios cuadrangulares ocupados por sendas flores tetra y octopétalas alternas. La esvástica, combinada o no para dar lugar a paletones, se documenta en el campo de algunos mosaicos orlados por meandros de paletones, en ocasiones determinando cuadrados decorados con motivos florales o geométricos, como hemos visto. No sería, pues, extraño que el campo de nuestro mosaico hubiese contado con una decoración de este tipo, hipótesis que quizá pueda comprobarse 
en el futuro tras una re-excavación de estas instalaciones termales.
Epigrafía: No.
Cronología: Este mosaico aporta unos márgenes cronológicos ubicables entre un momento avanzado y el fin del s. III.
Clasificación Iconclass: 47C421 types of knots 48A981 ornament ~ geometric motifs 25F6 fishes 48A981 ornament ~ geometric motifs 48A98783 floral interlace ~ ornament
Tesauro AAT: 
Antiguo tardío. IDENTIFICADOR EN GETTY: 300020666 TIPO DE ELEMENTO: Concepto CÓDIGO JERÁRQUICO: 
-- Estilos y Periodos (F.FL) 
Forma geométrica. IDENTIFICADOR EN GETTY: 300263819 TIPO DE ELEMENTO: Término Guía CÓDIGO JERÁRQUICO: 
-- Atributos y Propiedades (D.DC) 
Arte figurativo. IDENTIFICADOR EN GETTY: 300056499 TIPO DE ELEMENTO: Concepto CÓDIGO JERÁRQUICO: 
-- Conceptos Asociados (B.BM) 
Material vegetal. IDENTIFICADOR EN GETTY: 300124117 TIPO DE ELEMENTO: Concepto CÓDIGO JERÁRQUICO: 
-- Materiales (M.MT) 
Flora. IDENTIFICADOR EN GETTY: 300310152 TIPO DE ELEMENTO: Concepto CÓDIGO JERÁRQUICO: 
-- Desconocido --
Tesauro TAA: 
Antiguo tardío. IDENTIFICADOR EN TAA: 6384 
Forma geométrica. IDENTIFICADOR EN TAA: 8597 
Arte figurativo. IDENTIFICADOR EN TAA: 16350 
Material vegetal. IDENTIFICADOR EN TAA: 24867 
Flora. IDENTIFICADOR EN TAA: 33019
Observaciones: Los datos publicados por Belda (1947) son fundamentales a la hora de acometer una reconstrucción de la situación original de cada fragmento, así como una interpretación cronológica del conjunto. 
El sector de los balnea presenta dos fases sucesivas. Denominaremos A y B a los mosaicos que sabemos pertenecientes al nivel inferior, y C y D a los del superior (Espinosa, 1990: 220).
Temas:
Flora 
Geometría
Iconos:
banda 
cenefa 
círculo 
cuadrado
cuadrado inscrito 
figura geométrica 
filete doble 
filete simple
flor 
flora 
lacería 
meandro
meandro de esvástica 
nudo de Salomón
orla 
panetón
panetón de doble clave 
pez 
semicircunferencia 
sogueado
trenza de tres cabos 
trenzado 
triángulo 
triángulo concéntrico
triángulo inscrito

Bibliografía:
Espinosa Ruiz, A. (1990) “Los mosaicos de la Villa romana de Torre-La Cruz (Villajoyosa, Alicante)”, 
Cuadernos de Prehistoria y Arqueología, 17, Universidad Madrid, Autónoma de Madrid, pp. 220, 234-245, figs. 8 a 12.

  • Orla con nudo de Salomón. Mosaico del apodyterium (Xauxelles)
  • Orla con peces, venera y lirios. Mosaico del apodyterium (Xauxelles)
Orla con nudo de Salomón. Mosaico del apodyterium (finales del s. III d.C.)(Xauxelles, Villajoyosa). 
Exposición Temporal en MARQ (Museo Arqueológico de Alicante, 2011). 
Rafael dP. Iberia-Hispania. 
Orla con peces, venera y lirios. Mosaico del apodyterium (finales del s. III d.C.) (Xauxelles, Villajoyosa). 
Ubicación: Museo Arqueológico de La Vila Joiosa/Villajoyosa (Alicante). Exposición Temporal en MARQ (Museo Arqueológico de Alicante, 2011). 
Rafael dP. Iberia-Hispania.