Mosaico de peltas (Xauxelles)

Lugar/Procedencia: Vlla de Xauxelles (Torre de la Cruz, Villajoyosa) 
Contexto Cultural: Cultura Romana
Conservado: Si 
Decoración: Geométrica
Posición: Pavimento
Lugar: Corredor 
Colores: Bicromía. Negro sobre blanco.
Dimensiones máximas conservadas: anchura 109,5 cm., longitud 71 cm. anchura media de la orla 19,5 cm.; anchura del campo 60 cm.
Dimensión de tesela: 1 cm. por término medio. Teselas por dm2: 64.
Descripción: Extremo del tapiz que pavimentaba el corredor ceñido a la pared sudoriental del apodyterium, en el nivel superior de los balnea. Este pavimento se encontraba sobrepuesto al del pasillo acodado inferior, como consecuencia de la reforma de las termas. Entre ambos mediaba un relleno de 15 cm. de grosor, constituido por una capa de tierra asentada sobre otra de cal.
Materia/Soporte: Mármol. Teselas.
Histórico: Las únicas referencias bibliográficas a este mosaico corresponden a Belda (1947: 181-183, figs. 24, 4; 33, 1-2 y lám. LXX, 3) 
y a Lafuente (1959: 69, n° 168, lám. XXVII). Nos encontraríamos ante una de las últimas representaciones de peltas bícromas, e incluso con un ejemplar tardío de mosaico bícromo, en un momento en el que por doquier triunfaba la policromía, siquiera en pequeños detalles. Por el contrario, este pavimento permanece fiel a la tradición itálica, ya en desuso. Los mismos motivos que lo componen (peltas, semicírculos entrecruzados) son de origen itálico, si bien representan tipos evolucionados (peltas contrapuestas con remates, semicírculos trazados).
Iconografía: Descripción formal: filete negro simple; línea de ojivas dentro de semicírculos secantes trazados (AIEMA 181), adornados con pequeños triángulos (hederae esquemáticas) en sus extremos; en el interior de las enjutas aparece un ribete simple, en ocasiones relleno en negro; en los espacios intermedios de los semicírculos una florecilla en aspa; filete negro simple; en el campo tenemos pares de peltas tangentes adosadas alternativamente horizontales y verticales (AIEMA 455) con apéndice de punta de flecha. El motivo de la orla, 
que aparece en numerosos casos, es la representación estilizada de una arcada. A menudo se combina con florecillas en aspa que rellenan los espacios intermedios, así como con un remate en forma de hoja de hiedra, normalmente estilizada en triángulo. No hemos documentado un uso distinto al de orla, tanto para mosaicos geométricos como figurados. Con frecuencia los semicírculos se dibujan mediante el contraste de superficies cromáticas. Su trazado lineal parece una variante tardía -no atestiguada en mosaicos bícromos de tradición itálica- que se utilizó especialmente en los siglos III (sobre todo a partir de su segunda mitad en la Península Ibérica) y IV. La pelta es uno de los motivos más antiguos del repertorio del mosaico ornamental romano. Aparece en el s. I d.C. (Balil, 1962: 54-56), durante el cual se utiliza preferentemente como un elemento aislado, por lo general decorando orlas, umbrales o como motivo “de relleno”. Es a lo largo del s. II cuando, gracias a su geometrismo y a su gran simplicidad, se desarrollan claramente distintas combinaciones, articulándose entre sí o  con otros elementos, que se utilizan en lienzos en los que constituyen el único motivo decorativo. 
Algunas de estas combinaciones se repiten insistentemente en numerosísimos mosaicos, y entre ellas la del pavimento que nos ocupa (AIEMA 455), bastante abundante en la musivaria hispana (Balil, 1962: 54-56). 
Las mismas geometría y simplicidad favorecen su utilización tanto en orlas como en fondos, o bien en paneles formando parte de una composición, e incluso decorando la totalidad del campo. Picard (1949: 175, nos. 3 y 4) apreció un valor profiláctico en este elemento, frecuentemente combinado con otras filacterias, como las hojas de hiedra, cual es el caso de Torre-la Cruz. La pelta es un motivo muy empleado en África, donde supone un elemento que, proveniente de la tradición itálica, se hace menos frecuente en baja época, apareciendo muy raramente en los siglos III y IV (Picard, 1949: 117, 175-176). Por otra parte, aunque se considera como uno de los motivos más repetidos en los mosaicos italianos del s. II d.C., aquellos paneles o mosaicos completos en los que constituye el único elemento decorativo no son tan numerosos, faltando incluso en Ostia o Roma. Sin embargo sí se conocen en otros lugares de Italia y en Corinto, Tipasa o Susa, y están atestiguados en general en todas las provincias occidentales. En el s. IV no es, todavía, un hecho infrecuente, como demuestra un ejemplar de Maguncia (Parlasca, 1959, fig. 92), varios de Tréveris y otros ingleses y franceses (Mondelo, 1985: 130), junto a varios hispanos, como se verá más adelante. Se documenta, posteriormente, en un mosaico cristiano de Aquileia (Brusin, 1961: 30); a principios del s. V aparece en otro mosaico cristiano de Grado, y tenemos un ejemplar de Yugoslavia fechable en el s. VI (Mano y Zissi, 1965, fig. 28). Las peltas entrelazadas son un tema atestiguado en todo el Imperio. A los lugares citados se podría añadir Heraklea, Lynkestis o Thysdrus entre otros y perdura hasta fechas tan tardías como la segunda mitad del s. V en la basílica de Hermíone (Blázquez, 1982b: 29-30). 
Según A. Balil, a partir de finales del s. II esta composición se usó especialmente en orlas. Lo que sí es cierto es que se puede observar su utilización preferente en lienzos rectangulares de mayor o menor longitud, ya sean orlas, paneles o campos, pues resulta un tema de fácil acomodo a este tipo de superficies, cual es el caso que nos ocupa. Hay una serie de mosaicos hispanos, si bien minoritaria, en los que este tema se constituye en el único motivo del campo, como ocurre en nuestro caso. Contamos tanto con ejemplos de peltas bícromas, de los siglos II y III, como polícromas. Estas se documentan a partir de finales del s. II o comienzos del siguiente, tanto en la Península como fuera de ella, para predominar a partir de mediados del s. III y hasta el s. IV, después del cual el motivo cayó en desuso, si bien es verdad que ya se había hecho algo menos frecuente desde época tardoseveriana o postseveriana. Un segundo grupo, ciertamente numeroso, lo constituyen aquéllos en los que el tema sirve de orla o fondo para un tapiz central. Sin embargo, quizá la mayor parte de los casos nos ofrecen un empleo del motivo en lienzos residuales de la composición mosaística, rellenando espacios adyacentes al campo principal o a los motivos principales de éste, o incluso alguno de los paneles rectangulares que forman parte de un mosaico geométrico. En cuanto al remate central de las peltas, sus distintas variedades no parecen servir como índice cronológico claro. No obstante, puede afirmarse que durante el s. II y comienzos del s. III suelen estar ausentes, mientras a lo largo de la primera mitad de esta centuria se harán cada vez más frecuentes, por lo común en forma de triángulo, para generalizarse a partir de momentos avanzados de aquel mismo siglo, adquiriendo una mayor variedad formal (en triángulo, doble triángulo, puntos, hoja de hiedra, etc.) (Mondelo, 1985: 130-131). De entre los mosaicos que presentan en su campo como único motivo el de las peltas afrontadas (AIEMA 455), los pertenecientes a conjuntos totalmente bícromos abarcan un lapso temporal que podemos ubicar en el s. II y la primera mitad del s. III. En estos conjuntos de tradición itálica, el tema que nos ocupa raramente se utiliza en espacios residuales, como orlas, fondos o paneles secundarios. Por otra parte, el mismo motivo, pero formado por peltas polícromas, lo encontramos abundantemente representado tanto como único tema del campo como en los espacios residuales a los que antes nos referíamos. Sin embargo, existe una solución que supone, 
en nuestra opinión, la transición entre ambas modalidades. Se trata de numerosos casos en los que, dentro de un conjunto mosaístico decididamente polícromo, se integra algunos espacios con peltas afrontadas monocromas. Ello supone un cierto arcaísmo, como hemos señalado más arriba, que hemos constatado para la segunda mitad del s. II y la primera mitad del III, es decir, durante los momentos transitorios entre los dos estilos antes citados. 
En estos casos se aprecia un predominio claro de la utilización del tema en espacios secundarios, sin que hayamos podido recoger, hasta el momento, ejemplo alguno en el que ocupe todo un campo mosaístico, aparte del de Torre-la Cruz. ¿A qué puede deberse este hecho? Parece claro que con la introducción de la policromía en el mosaico a partir de mediados del s. II, debido a influencias norteafricanas, gran parte del repertorio ornamental y compositivo propio de este área del Imperio pasa a caracterizar paulatinamente a los pavimentos elaborados en el resto de las provincias. Se ha propuesto la existencia de talleres que, fieles a una u otra tradición (la itálica, bícroma, y la norteafricana, polícroma), rivalizaron fuertemente por mantener o imponer, respectivamente, sus estilos. Sin menospreciar esta teoría, creemos que quizás podría contemplarse una parte del problema desde otra perspectiva, ya que se constata un porcentaje significativo de conjuntos que, a pesar de caracterizarse por una policromía no pocas veces profusa, recogen en algunos de sus espacios secundarios (muy propios de la compartimentación que caracteriza al estilo norteafricano), ya sean orlas, fondos o paneles, elementos provenientes de la tradición itálica, cuya bicromía se respeta durante un cierto tiempo (al menos hasta mediados del s. III). A la inversa, nos encontramos igualmente con algunos conjuntos esencialmente bícromos en los que se introduce ciertas notas de color, para adecuarse así a las nuevas exigencias del mercado. El hecho de que no hayamos documentado ejemplo alguno (salvo el de Torre-la Cruz) de conjunto polícromo en el que se reserve un campo completo al motivo de peltas monocromas puede deberse a que la policromía dominante ocupa generalmente esos espacios principales, destinando únicamente algunos paneles secundarios a los motivos bícromos. La total bicromía del pavimento que nos  ocupa, que caracteriza tanto al campo como a la orla, 
encaja mejor con los ejemplos situados en el s. II y la primera mitad del siguiente. El motivo de la orla y el remate de las peltas aconsejan una fecha avanzada dentro de esta misma centuria.
Epigrafía: No.
Cronología: Una datación en el segundo o tercer cuarto del s. III convendría a esta pieza, considerada aisladamente.
Clasificación Iconclass: 48A981 ornament ~ geometric motifs 48A98783 floral interlace ~ ornament
Tesauro AAT: 
Antiguo tardío. IDENTIFICADOR EN GETTY: 300020666 TIPO DE ELEMENTO: Concepto CÓDIGO JERÁRQUICO: 
-- Estilos y Periodos (F.FL) 
Forma geométrica. IDENTIFICADOR EN GETTY: 300263819 TIPO DE ELEMENTO: Término Guía CÓDIGO JERÁRQUICO: 
-- Atributos y Propiedades (D.DC) 
Flora. IDENTIFICADOR EN GETTY: 300310152 TIPO DE ELEMENTO: Concepto CÓDIGO JERÁRQUICO: 
-- Desconocido --
Tesauro TAA: 
Antiguo tardío. IDENTIFICADOR EN TAA: 6384 
Forma geométrica. IDENTIFICADOR EN TAA: 8597 
Flora. IDENTIFICADOR EN TAA: 33019
Observaciones: Los datos publicados por Belda (1947) son fundamentales a la hora de acometer una reconstrucción de la situación original de cada fragmento, así como una interpretación cronológica del conjunto. 
El sector de los balnea presenta dos fases sucesivas. Denominaremos A y B a los mosaicos que sabemos pertenecientes al nivel inferior, y C y D a los del superior 
(Espinosa, 1990: 220, 228-234; figs. 7 y 12.
Temas:
Flora 
Geometría
Iconos:
aspa 
cenefa 
figura geométrica 
filete
flor 
flor en aspa 
flora 
hedera
ojiva 
orla 
pelta 
pelta afrontada
punta de flecha 
semicírculo 
triángulo

Bibliografía:
Exposición Temporal en MARQ (Museo Arqueológico de Alicante, 2011). Información extraída del panel descriptivo de la pieza.


Mosaico de peltas (mediados del s. III d.C.) (Xauxelles, Villajoyosa)
Mosaico de peltas (mediados del s. III d.C.) (Xauxelles, Villajoyosa). Exposición Temporal en MARQ (Museo Arqueológico de Alicante, 2011). 
Rafael dP. Iberia-Hispania.